La circuncisión, de cabo a rabo - Pasto - PastoRumba.com
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circuncisionTe contamos con pelos y señales cómo es una operación de prepucio, y cuáles son los pros y los contras de este trago por el que han pasado el 30% de los hombres del mundo. Circuncisión; del latín circumcisio (cortar alrededor). Definición de la Enciclopedia Médica Ferato: “Proceso por medio del cual se corta el prepucio (la piel que recubre el pene), dejando el glande al descubierto, sin protección. Se realiza mediante cirugía irreversible”. La circuncisión puede ser total (cuando se elimina sólo la punta constrictiva del prepucio) o parcial (para que el pene se deslice a gusto, se recorta una pequeña parte de la punta del prepucio o bien se hace un corte dorsal) .

Un corte milenario y sagrado. Como se supone que el prepucio de Abraham fue cortado por imperativo divino, la circuncisión es, según la Torá, obligatoria para todos los judíos desde hace 5.700 años: al principio, los rabinos cortaban el prepucio con sus propios dientes a los niños de ocho días, aunque con el tiempo se pasó a hacer el corte con instrumentos más civilizados. Lo mismo ocurre en otras religiones (como la musulmana) y en la mayoría de las tribus africanas, para las cuales la circuncisión es un rito de paso a la edad adulta.

Curiosamente, aunque se sabe que el niño Jesús fue circuncidado al nacer, la religión católica no se pronuncia sobre el tema. Sin embargo, el origen de la circuncisión es mucho más antiguo que Cristo: los aztecas y otras culturas precolombinas ya la hacían (hasta que llegaron los españoles) y Herodoto la remonta a los egipcios: no en vano, existe un antiguo grabado de la tumba de Ankhamahor en la que puede verse cómo someten a un hombre a una operación de prepucio con una piedra de sílex. En la actualidad, se han cambiado los dientes y armas blancas por asépticos bisturís.

Fimosis. Cuando el prepucio es demasiado estrecho y/o presenta un “anillo fibroso” que  impide el paso del pene, provocando dolor y dificultando la penetración, estamos ante un caso de fimosis. Si la fimosis es parcial, es decir, que existe abertura pero es demasiado pequeña como para facilitar el paso del glande, el problema puede solucionarse a base de estiramientos y manipulaciones progresivas, aplicación de esteroides o circuncisión parcial (ver "plastia del prepucio"). Pero si el "agujerito" está muy cerrado, será inevitable cortar por lo sano para facilitar las relaciones sexuales.

La inmensa mayoría de los urólogos modernos opinan que no es conveniente operar sistemáticamente a los niños, siendo preferible esperar a ver la evolución del pene para calibrar si es necesaria o no la intervención. Hay fimosis que nacen y otras que se hacen: por eso, no es bueno practicar retracciones forzadas en la piel del prepucio en los primeros años de vida del chaval, como hacían antes los médicos.

Balanopostitis. Se trata de una inflamación del glande que también afecta al prepucio y puede degenerar en una fimosis que requiera una circuncisión completa. Puede ser debida a una infección, a la falta de higiene y también a un exceso de la misma: un uso exagerado de jabón irritante en la zona puede provocar esta engorrosa inflamación.

Circuncisión neonatal. Si los padres quieren y el pene del bebé no presenta anomalías que requieran intervenciones futuras, la circuncisión puede hacerse sin anestesia poco después de nacer el niño. Las razones suelen ser de higiene y de salud, aunque también se dan por motivos religiosos. En países como Estados Unidos, México, Filipinas o Corea del Sur se aplica de manera indiscriminada. Hoy, la mayoría de los médicos creen que es una medida innecesaria, ya que sólo el 10% de los hombres tienen problemas de fimosis, balanopostitis o infecciones que justifiquen tan molesta intervención.

Plastia del prepucio. Es una circuncisión parcial que se hace en individuos que padecen fimosis y desean anchear el orificio para deslizar su pene a gusto. Para ello sólo hay que recortar la extremidad del prepucio. Es una operación mucho más sencilla que la circuncisión total, en la que se recorta el prepucio de tal manera que el glande queda siempre al descubierto.

Frenulectomía. Cuando el frenillo del pene es demasiado corto, existe un gran riesgo de que duela, se rompa y sangre durante las relaciones sexuales. Por eso, es conveniente pasar por el quirófano y cortarlo para que la cosa fluya bien. La frenulectomía o circuncisión del frenillo es una intervención mucho más sencilla que la de fimosis, con un postoperatorio que dura sólo un par de semanas.

Higiene fálica. Otra de las grandes razones que han motivado la circuncisión. Durante siglos, ha sobrevivido la creencia de que el glande del hombre circuncidado está más “limpio” que el del hombre con prepucio. La realidad nos demuestra que esto no es necesariamente cierto: aunque bajo la piel se produce una maloliente secreción blanca llamada esmegma (vulgarmente conocida como “requesón”) si el hombre se lava bien la zona a diario retirando el prepucio, la mantendrá tan limpia y a salvo de infecciones y edemas como la de un hombre circuncidado. Por otro lado, si bien es cierto que un estudio realizado por el doctor Edgar Shoen en Estados Unidos en 1932 se intentó demostrar la relación entre la acumulación de esmegma y el cáncer de pene, investigaciones posteriores han descartado esta teoría.

Como dice el doctor Dimitri Christakis, de la Universidad de Washington: “Si la Naturaleza nos puso ahí el prepucio, será por algo”.  Otros expertos piensan lo contrario y creen que, como las muelas del juicio, el prepucio es un órgano vestigial que, aunque en el pasado cumplía distintas funciones (como proteger al glande del desnudo hombre de las cavernas o mantener el pene húmedo para las primitivas penetraciones rápidas) hoy no es necesario. Entre los defensores de esta corriente, la circuncisión sería, pues, un acto civilizado.

Dolor, operación y postoperatorio. “Sí, sí: opera tu fimosis. No lo pienses más, por favor decídete ya, sabes que no te dolerá”, cantaban Siniestro Total en su célebre oda a la circuncisión. Pues bien: o mentían o se equivocaban. Tal vez a ellos no los operaran de fimosis, pero cualquiera que haya pasado por el quirófano para eliminar su prepucio sabrá que no es ningún camino de rosas. Como aperitivo, están los tres o cuatro brutales pinchazos en el glande, para dormir el pene. Salvo que el paciente sea un niño, se utiliza anestesia local, así que luego, tumbado, no ves ni sientes ni padeces, pero sí notas cómo te hurgan en la zona y puedes ver cómo los urólogos sacan de tu entrepierna trozos de pellejo empapados en sangre.

Después, doce puntadas y pa casa. Cuando pasa la anestesia, vuelves a ver las estrellas y no soportas ni el roce de las sábanas. Debes dormir boca arriba y olvidarte de la masturbación durante un mes, por lo menos, apagando las (dolorosísimas y sangrientas) erecciones espontáneas aplicándote bolsas de hielo en los testículos.

Puntos y curas. Si te ponen puntos solubles, no hace falta que te los quiten, se pondrán tiesos y se irán cayendo solitos, provocándote unos cuantos pinchazos. Los que no caigan, tendrás que quitarlos a golpe de tijera, a ser posible con la ayuda de una mano inocente. Eso sí, durante una buena temporada, tendrás entre las piernas algo muy parecido al pene de Frankenstein.

En cuanto a las curas, no son problemáticas, pudiendo lavarse la zona con agua hervida y tibia con una pizca de sal que cure las heridas. Se recomienda olvidarse de los gayumbos y utilizar slips que sujeten bien el "paquete" para que la zona afectada no cuelgue y se mueva lo menos posible.

Placer despellejado. Al principio, el pene circuncidado, sobre todo si en el pasado estuvo afectado de fimosis total, se  nota muy sensible al tacto, disparándose el placer sensorial en las relaciones sexuales, e incluso notando molestias al rozar el pantalón o el calzoncillo con la zona. Después, poco a poco, el glande se va encalleciendo, lo cual tiene sus pros y sus contras. Pros, porque con el tiempo la zona se va haciendo más dura, más grande, más poderosa y más resistente al orgasmo (se aguanta más y se alargan los coitos, para regocijo de las mujeres); contras, porque la zona se hace más insensible y se pierde, además, parte de la lubricación y del placer obtenido al deslizar el prepucio por el glande.

Por eso, no es del todo falso lo que dice el doctor S. Mullick, experto en rehabilitación del hospital alemán Luton and Dunstable: “La circuncisión es una mutilación genital de tipo ritual completamente innecesaria que puede provocar disfunciones sexuales”. 

Mutaciones en las prácticas onanistas. En ciertos ambientes y países, se ha usado la circuncisión para evitar o disminuir la masturbación en los jóvenes. Y es bien cierto que resulta más complicado masturbarse sin prepucio que con prepucio, pero no es imposible y, al cabo de unos meses de práctica, el propietario del pene suele recaer en el vicio de Onán.

Efectivamente, tras una operación de prepucio, es preciso cambiar la técnica masturbatoria, pasando de autoestimularse "en seco", masajeando todo el pene y moviendo el prepucio sobre el glande, a hacerlo empuñando el mango, siendo necesario el uso de saliva o lubricantes para masajear el glande.

Circuncisión y ETS. Aunque la mismísima ONU ha recomendado a la población masculina heterosexual que se haga la circuncisión para protegerse contra el VIH, los especialistas en la materia no están del todo de acuerdo: aunque es cierto que al cortar el prepucio la epidermis del glande se endurece, no actúa como barrera protectora ni evita el intercambio de fluidos que facilita el contagio del SIDA o de cualquier tipo de infección.

Sintiéndolo mucho, el único método eficaz para burlar al SIDA y demás Enfermedades de Transmisión Sexual (ETS) sigue siendo el viejo condón. Y la mejor prueba es que la tasa de ETS e infecciones peneales en Europa (donde hay menos circuncindados) es inferior a la Norteamericana, país donde, en los años 70, se circuncidaba al 90% de los recién nacidos, cifra que ha descendido hoy hasta un nada despreciable 60%.

El brillante encanto de los penes circuncidados. En Australia, país muy partidario de la circuncisión donde el 50% de los hombres han pasado por el quirófano para cortarse el prepucio, se elaboró hace poco un estudio entre la población femenina, para saber si las mujeres preferían los penes con o sin "capuchón". El resultado inclinaba la balanza muy a favor de los falos sin prepucio.

Para empezar, el número de mujeres emparejadas con hombres circuncidados que decían llegar al orgasmo simultáneamente con su pareja doblaba al de las mujeres de hombres con prepucio. Para seguir, las chicas confesaron tener el triple de orgasmos con penes circuncidados. Por si fuera poco, a la hora de practicar una felación, las mujeres afirmaron preferir un pene circuncidado (82 %) a uno con prepucio (2%). Para colmo, el 75% sentenció que prefería masturbar penes con prepucio que sin prepucio (5%). A la hora de la penetración anal o vaginal, el 71% de las mujeres sintieron más placer al recibir en sus entrañas a un pene circuncidado (71%) que no circuncidado (6%). Y, como colofón, la mayoría de las australianas (76%) considera “más atractivo visualmente” un pene circuncidado que uno no circuncidado (4%).

Así que, al final, tal vez debamos olvidar a la fimosis, la religión, la higiene y demás causas exógenas para concluir que, de ahora en adelante, en plena era de los asesores de imagen y los cirujanos plásticos, la principal causa de la circuncisión será la más simple pero aplastante de todas: las mujeres prefieren los penes sin prepucio.