Fantasías sexuales - Pasto - PastoRumba.com
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ImageEn plena era del Sida y de la violencia de género, cuando los múltiples peligros de los encuentros sexuales reales han matado el sueño del amor libre, las fantasías eróticas son un atractivo túnel hacia una dimensión en la que todo es posible y nada es tabú. En ese paraíso intangible e irresistible hay de todo: desde demonios lúbricos con penes como obeliscos hasta ninfas multiformes y multicolores con decenas de agujeritos por estrenar. En esa zona crepuscular, las enfermedades venéreas no existen y las personas que tratamos cada día se convierten en esclavos sexuales que sólo viven para proporcionarnos orgasmos con sus cuerpos.

Por todo esto, a nadie le extrañará que, según el último informe Durex, el 63% de la población mundial (o, al menos, de los 22 países encuestados) reconozca tirar de fantasías sexuales para aumentar su libido. Porque el órgano sexual más importante sigue siendo la mente y, por buena que sea, ninguna película ni ninguna relación real va a ser tan perfecta como aquella que se desarrolla en la propia imaginación. 

Otro punto a favor de las fantasías es el hecho de que son el sexo seguro por excelencia y nos permiten disfrutar de situaciones que, probablemente, jamás viviríamos en la realidad... aunque también es cierto que las personas que caen en la infidelidad o en cierto tipo de comportamientos sexuales digamos "poco habituales" han tenido antes sus fantasías.

En este sentido, el psicólogo y sexólogo Valeriano Lòpez afirma que "no siempre es recomendable poner en práctica una fantasía, porque la realidad es compleja y hay una serie de olores, sabores o problemas derivados de las situaciones que pueden perjudicar nuestra vida individual o de pareja. Pero no cabe duda que montar fantasías, ya sea en solitario o en compañía, es una actividad de lo más sana... si no se convierte en obsesión o parafilia".

También existe la posibilidad de transformar la fantasía en juego erótico, cosa que, según dice Valeriano, "enriquece mucho la vida sexual de la pareja" o pensar en otra persona mientras se practica sexo con la pareja, cosa que se llama "alorgasmia" y no enriquece tanto la vida conyugal.

Aún así, lo peor que se puede hacer con una fantasía es reprimirla: “La fantasía no debe convertirse en una enemiga, sino en un complemento que enriquezca nuestra vida sexual. Yo no diría que la persona que tiene fantasías está enferma sino, más bien, todo lo contrario: no tener fantasía erótica alguna puede ser un síntoma de carencias sexuales, de estrés o de exceso de trabajo”, comenta Valeriano López.

Fantasías empapadas de ayer y hoy

Pero, ¿en qué pensamos cuando nos masturbamos? Según dice el informe Durex, el 31% de las mujeres se tocan pensando en relaciones homosexuales, y el 38% de los hombres, se onaniza practicando sexo con la novia de su mejor amigo. Sin embargo, el fondo y la forma de las fantasías, tanto masculinas como femeninas, forman parte de un catálogo interminable.

La mujer es la reina de la fantasía. Por regla general, cuando se masturba prefiere imaginar y centrarse en tocarse bien que ver imágenes de lo que hacen otros. Normalmente, imagina situaciones morbosas que pocas veces se atreverá a poner en práctica (por miedo al peligro o al que dirán). Al parecer, según afirman la inmensa mayoría de los psicólogos y sexólogos, la violación es la fantasía femenina por excelencia: ser forzadas por un hombre que en el fondo desean pero que nunca se atreverían a disfrutar sin sentirse sometidas.

Valeriano López asegura que “esta fantasía femenina, tremendamente común, deriva de que muchas veces a la mujer le cuesta aceptar que le gusta el sexo sin amor”. Según la psicóloga Rosa Santoyo, “la mujer de hoy, sobrecargada de responsabilidades, a veces necesita que, en el sexo o, al menos, en sus fantasías, un hombre fuerte y poderoso coja el timón y tome las decisiones por ella; en una palabra, que la domine”.

Inma, becaria de 23 años en una publicación de tendencias, dice que “una de mis fantasías favoritas es imaginarme que estoy en la pista de una discoteca y todos los hombres me tocan, me acarician y luego sacan sus penes y me follan todos a la vez”. Aunque Inma no lo sepa porque pasa del porno, a esto, en el argot del cine X, le llaman “gang bang” y es otra de las fantasías clásicas del imaginario erótico femenino porque… ¿a qué mujer no le gusta ser el centro de atención? ¿Qué fémina no sueña con ser deseada por decenas de hombres?

A otras mujeres les ponen situaciones determinadas, por ejemplo, ir en taxi y, al llegar al destino, "pagar en carne" o ser manoseada en el metro por desconocidos. "Es el placer del anonimato, del sexo sin compromiso que, durante siglos, ha estado tan mal visto en la mujer", afirma Santoyo. Las chicas también se pirran por los uniformes y se ponen a cien con un grupo de hombres vestidos de la misma forma, ya pertenezcan al cuerpo de bomberos, a la comisaría de policía, a la legión extranjera o a la selección nacional de fútbol.

Flashbacks, violaciones y eyaculaciones 

Las fantasías eróticas femeninas suelen darse también en muchos homosexuales pasivos, la diferencia es que éstos suelen tener menos problemas psíquicos y físicos para ponerlas en práctica. Por eso, suelen ir a por un "más difícil todavía" y pensar en imposibles. Carlos, camarero gay de 30 años, cuenta que su fantasía recurrente es "acostarme con tíos heteros, sobre todo amigos. Creo que es la fantasía más habitual en nuestro colectivo que, por lo demás, usa mucho la sauna y el video porno para aliviarse".

En cuanto a los hombres heterosexuales, como los gays, son voyeurs por naturaleza y responden mejor a los estímulos visuales, pero también recurren a pensar en terceras personas para enriquecer sus prácticas masturbatorias. Si bien alucinan con el porno, los cómics eróticos (vehículos ideales para visualizar las fantasías más rebuscadas) o espiando a la vecinita para inventar una fantasía, un clásico es “machacársela” pensando en ex novias (lo que, en slang pajillero, se conoce como “un flashback”), en sexo con amigas o conocidas, camareras, cajeras o dependientas, novias de amigos y hasta en los propios amigos: las fantasías homosexuales entre hombres son más comunes de lo que se cree.

Y, del mismo modo que hay mujeres que sueñan con ser violadas, hay hombres que fantasean con violar a una mujer, con hacer uso de un sexo más salvaje y animal. Siguiendo la extendida corriente de opinión defendida, por ejemplo, por Simone de Beauvoir en El segundo sexo, Valeriano López afirma que "en ningún caso, esto significa que este hombre vaya a poner en práctica su fantasía; todo el mundo ha pensado alguna vez en matar a su jefe y, sin embargo, no hay indicios de un crecimiento en el número de asesinatos de altos cargos de empresas".

Fuck me, I'm famous

En los informes y encuestas sobre estos temas, la fantasía estrella es, sin duda, la de mantener relaciones sexuales con una persona famosa: nada menos que casi el 70% de los hombres y mujeres encuestados por Durex alcanza fácilmente el orgasmo imaginándose en la cama con sex symbols contemporáneos como Brad Pitt, Jennifer Aniston, Paz Vega o David Beckham. Esto, según dice Rosa Santoyo, "en algunos casos puede ser un síntoma de falta de autoestima, pero en general no es más que un afán de reconocimiento social y popular disfrazado de pulsión erótica".

Las mujeres piensan en deportistas o artistas, como Iker Casillas, Colin Farell, Matthew McConaughey, Fernando Torres o John Cusack, pero luego te encuentras con chicas que confiesan sin rubor que fantasean con tipos tan dispares como Mario Conde, José María Aznar, Fernando Sánchez Dragó, José Luis Rodríguez Zapatero, Baltasar Garzón o Arnaldo Otegi. Será la erótica del poder o, sencillamente, que son famosos, salen mucho por la tele y su imágen está ahí, a mano.

Los hombres, mucho menos remilgados, optan por cualquier cantante o modelo que tenga las tetas y el culo en su sitio. ¿Ejemplos? Megan Fox, Adriana Lima, Monica Bellucci, Cameron Díaz, Mischa Barton, Gisele Budchen o cualquier otra de esas que salen siempre medio desnudas en las revistas masculinas y medio vestidas en las listas de "las 100 mujeres más sexys del mundo".

¿Y ellos? 

Pero… ¿cuáles son las fantasías sexuales de los famosos? No todos las han revelado, pero los más deslenguados dejan escapar pistas en las interviús. Ahí está, por ejemplo, Christina Aguilera, que confesó al diario The Sun que disfruta fantaseando con historias de hospital y también jugar con su marido (el productor Jordan Bratman) a los médicos. También le gusta tener sexo a ritmo de la música de Radiohead pero lo que no ha dicho es por qué: tal vez imagina que se lo monta con su cantante, Thom Yorke.

La explosiva actriz y ex conejita de Playboy Carmen Electra entra en el abultado porcentaje de mujeres que fantasean con tener relaciones lésbicas: hace poco reconoció que una de las fantasías eróticas de su niñez y adolescencia era la legendaria rockera Joan Jett: "Me enamoré un poco de ella cuando tenía ocho años y la vi en un vídeo en el que se abría un abrigo y debajo sólo llevaba un bikini", ha declarado. 

Britney Spears, por su parte, ha reconocido tener frecuentes fantasías con hombres como Brad Pitt o George Clooney y con mujeres como Halle Berry o Kim Kardashian. No esperábamos menos de una discípula confesa de Madonna a la que, por cierto, no hace falta preguntarle por sus fantasías: están ahí, plasmadas de forma muy explícita en sus canciones y videoclips.