El 'rapidito', sinónimo de una velocidad deliciosa - Pasto - PastoRumba.com
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 La emoción de una relación sexual rápida puede compensar la frustración de otras largas. Tienen un compromiso que los obliga a estar en otro lado en media hora. Usted y su pareja están preparándose para salir, pero de repente se queda pasmado frente a la línea que dibuja su espalda y lo estimula verla mientras se peina.

No se resiste, aunque sabe que llegarán tarde. La besa y en instantes están en el suelo a medio vestir, haciendo el amor. Eso, que seguro le ha pasado, es un 'rapidito' o un quickie.

Es sano saber que la emoción que produce una relación sexual rápida puede compensar la frustración de lo no logrado en otras más largas. Son muchas las historias de acción gratificante, en lugares públicos, en la sala de la casa, en el carro, en la piscina o en la misma oficina, que demuestran que hay muchos factores apartados de la normalidad que adoban el momento, con una dosis suficiente de adrenalina que permite alcanzar un orgasmo de inmediato.

No quiero promover razones para que las relaciones sean carentes de preámbulos y sentimiento, pero permítanme resaltar que el cambio de rutina, incluyendo espacio y tiempo, puede ser de gran ayuda a las parejas que por distintos motivos no gozan de una sexualidad plena y gratificante. También permite innovar.

Hay quienes dicen que lo prohibido es lo apetecido, y no hay frase que resuma mejor lo que es un quickie, que no surge solo cuando se tiene prisa, pero sí cuando se tienen muchas ganas.

La sensación de estar traspasando las barreras de lo concebido como adecuado nos empuja a ser espontáneos, imaginativos y recursivos. Y créanlo: a dejarnos casi siempre satisfechos. Eso sí, siempre y cuando no se abuse de él y se vuelva otra rutina.

Este sexo rápido no tiene mucho misterio y los involucrados solo tienen que poner un poco de creatividad para aprovechar los momentos cuando están dispuestos.

El tiempo en estos casos sí que es oro, porque la clave está en no ser descubiertos, lo que echaría a perder un momento literalmente irrepetible. El rapidito no da lugar a excusas ni se puede posponer.

No se discute, se actúa. Permite toda la complicidad que cabe en la mirada, porque nunca es una obligación, solo otra opción. Colma las fantasías propias y del otro, además deja una sonrisita que no se borra en varios días.

No sobra recordar que el quickie es mejor si se actúa con respeto por el cuerpo, y más por los sentimientos propios y ajenos. Así que no se priven: ¡adelante! Total, mientras usted leía esta columna ocurrieron miles en el mundo. Hasta luego.

ESTHER BALAC
ESPECIAL PARA EL TIEMPO