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Adiós a Robin Gibb, el alma rebelde de los Bee Gees

Con la partida de Robin Gibb, se cierra también un capítulo inolvidable de la música disco. Finalmente el cuerpo no aguantó más y Robin Gibb se unió a su hermano gemelo Maurice, quien murió hace 9 años. Es el segundo de los grandes de la música disco que muere en menos de una semana. Apenas hace unos días la Reina de las discotecas Donna Summer también se fue víctima de un cáncer, como Gibb.

 

Summer había cumplido en diciembre 63 años, apenas días después de que Robin cumplió 62. Curiosidades de la vida y de la muerte.

La historia comienza en la Isla de Man (Inglaterra), donde nace unas horas antes de su gemelo Maurice el 22 de diciembre de 1949. Poco después, la familia se traslada a Manchester, donde su padre trabaja como director de orquesta en clubes nocturnos. A temprana edad, los gemelos, con su hermano mayor Barry, empiezan a cantar afinando las armonías vocales que los harían famosos.

En busca de nuevas oportunidades, deciden emprender un viaje a Australia, en 1958. Es allá, donde actuando de contrabando en clubes nocturnos a los que no debían tener acceso por su edad, empiezan a hacerse conocer. Participan en numerosos programas de talentos en radio y en concursos organizados por clubes sociales, bajo el nombre de los Brothers Gibb. 

Fue, un año más tarde, justamente, cuando un disc-jockey llamado Bill Gates (nada que ver con el magnate de los computadores) les sugiere abreviar ese nombre bastante común por uno de mayor impacto. Las iniciales del grupo los convierte en el sonoro trío The Bee Gees. Gates, además, se vuelve su mánager y cuando Barry apenas alcanzaba los 12 años y sus hermanos gemelos, 9, consiguen un contrato fonográfico, que les abre las puertas para tocar en varios escenarios.

Hacia el año de 1967, frustrados por el poco avance de su carrera fonográfica y sintiendo, al tiempo, que Australia les quedaba pequeña, regresan a Londres en busca de mejor fortuna.

Irónicamente, mientras viajan en el barco a su patria, reciben la noticia de que su canción Spicks and Specks alcanzaba el primer lugar en listas australianas. Pese a esto deciden proseguir su viaje con el anhelo de conquistar Inglaterra.

A su arribo, logran una audición para el famoso empresario Robert Stigwood, quien hacía poco había dejado Nems, la empresa que tenía con Brian Epstein, por entonces el mánager de los Beatles. Stigwood, al hallar un cierto parecido en las voces de los hermanos Gibb con las del famoso cuarteto de Liverpool, y encontrarlos carismáticos, decide contratarlos. Al poco tiempo, los Gibb logran un contrato con la disquera Polydor.

Su primer tema, New York Mining Disaster, se convierte en un éxito arrollador en ambos lados del Atlántico.

En los siguientes años, esas canciones, con gran orquestación de respaldo, letras oscuras, recursivas e inteligentes, comienzan a apoderarse de todos los listados. To Love Somebody, Massachusetts, Words, I've Got To Get A Message To You y otras consolidan a los hermanos Gibb como aplaudidos compositores e intérpretes.

Su fórmula sonora se ampara en hermosas armonías, voces altas y el uso de falsetes para enfatizar aspectos de las letras. La base pop, enriquecida con grandes orquestaciones, daba un toque original a su sonido, que servía de colchón para sus vocales.

En 1969 lanzan al mercado el álbum doble Odessa, su máxima producción fonográfica que entra en la línea de discos más experimentales y sicodélicos, como los que hacían The Beatles, Rolling Stones y Beach Boys.

En ese año, Robin, frustrado con lo que consideraba su papel secundario en el grupo, se abre de sus hermanos y graba el exitoso Saved By The Bell. Él siempre buscó ser la voz líder del grupo, posición que habitualmente se tomaba Barry, como hermano mayor.

Sin embargo, al despuntar la década del 70, Robin es convencido de regresar al redil. Pese a pegar canciones como Lonely Days y How Can You Mend a Broken Heart, parecía que el cuarto de hora del grupo había pasado.

Es cuando, en una jugada maestra de su disquera en EE. UU., les asignan como productor a Arif Mardin, veterano de la escena del rhythm and blues y el soul norteamericano. De su mano, se despojan del sonido orquestal y adoptan uno más ligero, orientado hacia un género más contemporáneo de sintetizadores y percusión más marcada: un sonido más actual.

Los frutos se ven de inmediato. You Should Be Dancing, con su pulsante ritmo, se convierte en número uno mundial, en 1975, y tema obligado en las discotecas.

En 1977, Stigwood les encarga la banda sonora de una película que producía, protagonizada por John Travolta, y en pocos meses Stayin' Alive, Night Fever y How Deep Is Your Love (de Saturday Night Fever) son números 1 en todo el planeta y la banda sonora se convierte en la más vendida de la historia. Ha alcanzado los 40 millones de copias, algo significativo, teniendo en cuenta que es un álbum doble.

Cuando todo parecía ir de maravilla, en 1979, Stigwood los involucra en el fracasado proyecto de la película basada en canciones de los Beatles, Sargent Pepper's Lonely Hearts Club Band. Los Bee Gees cantan y actúan en la cinta, que es masacrada por la crítica.

Pese a todo, el grupo supera este impasse y su siguiente disco, Spirits Having Flown, los encarama de nuevo en los primeros lugares. En la década del 80, mientras que Robin lanzó al mercado tres álbumes como solista, su hermano Barry produce un disco para Barbra Streisand y canciones para Kenny Rogers y Dolly Parton, entre otros. Esta nueva faceta refuerza la importancia de los hermanos Gibb como compositores.

Aunque continúan activos, en los 90, los problemas de salud de Barry, afectado por una debilitante artritis, hace que cada vez se alejen más de los conciertos. Él se refugia en la escritura de canciones y en la producción discográfica.

Pese a esa fulgurante carrera, el siglo XXI pareció llegar con un sino maldito que se posó sobre los hermanos Gibb. En el 2003, muere Maurice de una oclusión intestinal. Este suceso afecta profundamente a los dos hermanos sobrevivientes, que toman la decisión de acabar con el grupo. Ya Andy, el menor de los Gibb, que no hacía parte del grupo, también había muerto por una afección viral cardiaca.

En un último intento por mantenerse actual, Robin continúa interpretando canciones de los Bee Gees, pero a finales de la década pasada comienza a sufrir fuertes dolores abdominales que terminan en una cirugía de urgencia para corregir un problema intestinal, semejante al que mató a su hermano Maurice.

A partir de ahí sobrevendría su desplome. Aunque afirmaba sentirse bien, en el 2011, Robin, sin dar mayores explicaciones, canceló varias veces conciertos y se le veía cada vez más delgado y demacrado.

Hasta que en noviembre anterior se anunció que luchaba contra un cáncer de hígado y en marzo se anunció que padecía también de cáncer de colon.

De hecho, hace cerca de un mes se excusó de asistir al estreno de Titanic Requiem, proyecto que venía trabajando con el menor de sus tres hijos, Robin John, con motivo del aniversario del hundimiento del famoso transatlántico.

Hace días, su familia anunció que Robin había entrado en coma. Su segunda esposa, Dwina, no se separó de su lecho y los hijos del primer matrimonio, Melissa y Spencer, regresaron a Inglaterra para acompañarlo, junto con Barry Gibb y su esposa Linda. Pasaban horas a su lado, cantándole sus canciones favoritas en un intento de levantarle el ánimo.

Finalmente, Robin Gibb, esa voz inconfundible de los Bee Gees, que siempre se distinguió por llevar lentes con vidrios de colores, perdió la principal batalla de su vida, el domingo pasado, a los 62 años.

Una vida para la música

Aunque se retiró de los micrófonos hace poco, el experto radial Manolo Bellon (1949) sigue vigente con su página web 'Surcos del pop'. Ha sido director de radio y televisión.

Hoy, codirige la Escuela de Música Manolo Bellon y la Fundación Buscando las Estrellas.

MANOLO BELLON
Especial para EL TIEMPO

Pico y Placa Pasto 2017