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De las asombrosas coincidencias entre las muertes de Abraham Lincoln y John F. Kennedy

Lincoln y Kennedy, el primer y el cuarto (y último, hasta el momento) en ser asesinados durante el ejercicio de sus funciones (Fotos: Wikimedia Commons) “El asesinato del presidente John F. Kennedy ha resultado ser casi una repetición del presidente Abraham Lincoln, punto por punto. Las similitudes, coincidencias y asociaciones son tan sorprendentes, que valen la pena ser juntas en el epílogo que sigue a continuación”.

 

Quien escribió estas palabras no fue un vidente o un brujo, sino un científico: el célebre doctor John K. Lattimer (1914-2007), médico urólogo que, tras dedicar varios años de su vida a estudiar las trágicas muertes de ambos mandatarios estadounidenses, publicó en 1980 un libro intitulado Kennedy and Lincoln: Medical and Ballistic Comparisons of Their Assassination (Kennedy y Lincoln: comparaciones balísticas y médicas de sus asesinatos).

Lattimer no solo fue un profundo conocedor de las circunstancias históricas y forenses que rodearon la muerte de Abraham Lincoln ocurrida hace 151 años, el viernes 14 de abril de 1865, sino que en 1972 se convirtió en el primer experto no gubernamental en examinar las evidencias tomadas en la autopsia de Kennedy, asesinado 98 años después, el 22 de noviembre de 1963.

Antes de abordar las similitudes de ambos crímenes, conviene refrescar un poco la memoria: hablemos de dos magnicidios.

En el teatro

El primero de ellos ocurrió la noche del viernes 14 de abril de 1865. John Wilkes Booth, un popular actor y fanático de la Confederación, como se conocía al país formado por los once estados meridionales que se separaron de los Estados Unidos de América entre 1861 y 1865, logró colarse en el palco presidencial del Ford’s Theatre, en Washington D.C, donde se encontraba el presidente Abraham Lincoln en compañía de su esposa Mary, del mayor del Ejército Henry Rathbone y de la prometida de éste, Clara Harris, para ver el montaje de una comedia titulada Our American Cousin.Booth entró y sin dudarlo descargó la única bala de su pistola derringer calibre .44 en la cabeza del mandatario.

Tras apuñalar –no fatalmente– a Rathbone, saltó al escenario y a duras penas logró escapar del teatro.

En el palco, entretanto, Lincoln yacía herido de muerte. Charles Leale, un médico de 23 años que se encontraba en el público, corrió a atenderlo, pero el Presidente se hallaba agonizante en su butaca, paralizado y esforzándose por apenas respirar. Varios soldados lo llevaron hasta la casa Petersen, que estaba frente al teatro. El médico presidencial concluyó que, tristemente, Lincoln no tendría salvación.

En efecto, en la mañana del 15 de abril, rodeado de la Primera Dama, de su hijo mayor Robert, del vicepresidente Andrew Johnson y de miembros de su gabinete, Abraham Lincoln –el hombre que abolió la esclavitud y luchó por preservar los Estados Unidos en la guerra civil con los estados secesionistas– se convirtió en el primer presidente de su país en ser asesinado.

El primero, sí, pero no el único. Al día de hoy son cuatro los presidentes estadounidenses que han muerto como consecuencia de atentados magnicidas: además de Lincoln, fueron asesinados a balazos los presidentes James Garfield (en 1881), William McKinley (en 1901) y John F. Kennedy (en 1963).

El otro magnicidio

El asesinato de Kennedy permanece fresco en la memoria de los estadounidenses y sigue generando más preguntas que respuestas. Considerado uno de los presidentes más carismáticos y singulares de la historia de Estados Unidos (durante su gobierno ocurrió la invasión de Bahía de Cochinos, la crisis de los misiles de Cuba, la construcción del Muro de Berlín, el inicio de la carrera espacial y la consolidación del Movimiento por los Derechos Civiles en Estados Unidos, así como las primeras acciones estadounidenses en la Guerra de Vietnam), Kennedy murió a la 1:00 pm del viernes 22 de noviembre de 1963, en un viaje de campaña por la reelección a la ciudad de Dallas, Texas, tras recibir un disparo en la cabeza en la ciudad de Dallas, Texas.

La historia es harto conocida: a las 12:30 pm, cuando la caravana presidencial entraba a la Plaza Dealey, en el centro de la ciudad, sonaron tres disparos. Kennedy, que iba a bordo de una limosina convertible Ford Lincoln Continental 1961 en compañía de su esposa Jacqueline, del gobernador de Texas John Connally y de la esposa de éste, Nellie, recibió un tiro en la cabeza (Conally también resultó herido).

El presidente fue llevado de emergencia al Hospital Parkland, donde le declararon oficialmente muerto a la 1:00 pm.

El francotirador que cometió el crimen, como casi todos saben, fue el infame Lee Harvey Oswald, empleado del almacén Texas School Book Depository en la Plaza Dealey. Fue detenido poco más después de una hora de disparar. Dos días después, el domingo 24 de noviembre, cuando era transferido de la estación principal de policía de Dallas a la cárcel del condado de Dallas, un hombre, Jack Ruby, apareció de la nada y asesinó de un tiro, ante las cámaras de televisión, a Oswald.

Mucho se ha dicho escrito, dicho y especulado, de las motivaciones de Oswald para matar al presidente. La investigación de 10 meses de la Comisión Warren determinó que actuó solo, pero, en realidad, el asesinato ha dado origen a un sinnúmero de teorías conspirativas, algunas extravagantes, otras muy bien encaminadas.

Coincidencias y más coincidencias

Independientemente de las consideraciones políticas, los asesinatos de Lincoln y Kennedy han estado unidas por un sinfín de peculiaridades, de similitudes, de paralelismos que van más allá de las meras coincidencias.

¿Estás ambos hombres unidos en la vida y en la muerte por circunstancias sobrenaturales, por energías ultraterrenas, por ciclos prodigiosos e inexplicables, como han pretendido sugerir algunos?

Quizás sí, quizás no. Lo cierto es que fue un científico, el citado doctor John K. Lattimer, quien el primero en detectar y sistematizar la existencia de una serie de asombrosas coincidencias entre el primer y el último presidente de Estados Unidos (hasta el momento) asesinados en el ejercicio de sus funciones.

En efecto, en las 30 páginas del epílogo de su libro, Lattimer, abunda en detalles sobre los paralelismos entre ambos mandatarios, más allá de que los apellidos Lincoln y Kennedy tengan siete letras y que ambos murieran de tiros en la cabeza un día viernes.

Veamos:

  • Ambos fueron electos a la Cámara de Representantes en ‘46: Lincoln en 1846 y Kennedy en 1946
  • Ambos fueron electos presidentes de Estados Unidos en ‘60: Lincoln en 1860 y Kennedy en 1960
  • Las esposas de ambos perdieron niños mientras vivían en la Casa Blanca
  • El vicepresidente Andrew Johnson, sucesor de Lincoln, nació en 1808 y el vicepresidente Lyndon B. Johnson, sucesor de Kennedy, nació en 1908
  • Ambos fueran asesinados por sureños de Estados Unidos que se identificaban por sus tres nombres
  • Lincoln fue asesinado en el Teatro Ford y Kennedy fue asesinado en un auto de la marca Ford
  • Tanto Oswald como Booth fueron muertos a tiros sin llegar a juicio
  • Ambos presidentes estaban en compañía de otra pareja cuando les dispararon y el hombre de cada una de esas parejas resultó herido durante el atentado
  • Los primeros médicos que atendieron a cada presidente se llamaban Charles: el doctor Charles Leale atendió a Lincoln y el doctor Charles Crenshaw atendió a Kennedy
  • Ambos presidentes murieron en lugares con las iniciales P.H.: Lincoln murió en la Casa Petersen (Petersen House) y Kennedy murió en el Hospital Parkland (Parkland Hospital)
  • Abraham Lincoln y John Fitzgerald Kennedy fueron grandes hombres y hoy son recordados con cariño y admiración por sus esfuerzos en pro de los derechos civiles y otras libertades. Paz a sus restos

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